Lazagurría se alza en la vertiente sur de la Sierra de Codés, con un casco urbano alineado a lo largo de una calle longitudinal que organiza la vida del pueblo y conduce directamente a su principal referencia patrimonial: la iglesia de Nuestra Señora del Rosario. Este templo renacentista del siglo XVI, declarado Bien de Interés Cultural, domina el conjunto urbano y alberga uno de los retablos romanistas más sobresalientes de la zona, obra del escultor Bartolomé Calvo, junto a otras piezas artísticas que revelan la importancia histórica y devocional de la localidad.
El trazado del pueblo conserva viviendas de dos alturas y numerosas casas señoriales con escudos heráldicos que reflejan su pasado, mientras que elementos como la talla de la Virgen del Rosario completan un patrimonio ligado tanto a la arquitectura como a la tradición religiosa. El conjunto ofrece una lectura clara de la evolución urbana de Lazagurría y de su papel dentro de las Cinco Villas y del territorio de Tierra Estella.
El entorno natural amplía esta experiencia con paisajes de fuerte carácter geológico y agrícola. Desde las inmediaciones del casco urbano parten recorridos como la Ruta del Barranco de Lazagurría, que atraviesa zonas húmedas, barrancos de yesos modelados por la erosión y tramos de ribera junto al río Linares, antes de abrirse a campos de cereal y almendros. Dentro de este sistema de caminos destaca el recorrido circular Linosa–Planahermosa.
El término municipal de Lazagurría conserva yacimientos arqueológicos que evidencian la ocupación humana desde el Neolítico y la Edad del Hierro hasta época romana, con enclaves documentados como Los Llanos y Las Suertes. Estos restos permiten comprender la continuidad del poblamiento y la importancia estratégica del territorio dentro del entorno de la Sierra de Codés, reforzando la lectura histórica del paisaje que rodea al núcleo urbano.