La tradición popular lo dijo hace tiempo: Todo tiene fin menos el vino en Viana, la paja en Mendavia y el agua en Ancín. En este pueblo del Valle de Valdega, el agua no es solo un recurso, sino un rasgo identitario que explica su relación con el río Ega y la Sierra de Lóquiz.
El río Ega acompaña la vida del pueblo y articula zonas de paseo y espacios verdes muy frecuentados, a los que se suman numerosos manantiales naturales, fuentes históricas y un entorno de bosques de carrasca, zonas de cultivo y caminos tradicionales que invitan a recorrer el territorio con calma.
El municipio de Ancín/Antzin está formado por el concejo de Mendilibarri, ambos comparten entorno natural, caminos históricos y la misma relación con el río y la sierra. El patrimonio se descubre a pequeña escala, integrado en la trama urbana y en los caminos que conectan el pueblo con su entorno. La iglesia de San Fausto, construida entre los siglos XVI y XVIII, conserva una pila bautismal de origen medieval y la destacada talla romanista de San Fausto, uno de los elementos artísticos más relevantes de la localidad. Completan este conjunto la ermita de San Román, el puente del siglo XIX y el lavadero, testigos de la vida cotidiana ligada al agua, así como la Torre del Agua, levantada en 1928.
Por el término municipal discurre la Vía Verde del Ferrocarril Vasco-Navarro, que permite recorrer antiguos trazados ferroviarios entre pueblos del valle. En la antigua estación del Ferrocarril actualmente se encuentra la sede del ayuntamiento. Desde el propio casco urbano parten también rutas como el sendero del Pozo de la Mora, un recorrido circular que combina río, presas, molinos, encinares y suaves ascensos. Además, hay varios accesos a la Sierra de Lóquiz, desde donde se obtienen amplias vistas del Valle de Valdega y del corredor del Ega.
Las fiestas patronales en torno a Santiago, el 25 de julio, y la festividad de San Fausto, el 13 de octubre, marcan los momentos centrales del año. A estas se suman celebraciones singulares como el Día de la Carbonera, que se celebra de forma bienal en el mes de mayo y recupera el antiguo oficio ligado al monte; así como también, las tradiciones de Día del Valle y Carnaval, que mantienen viva la participación vecinal y la identidad popular del pueblo.