Viloria se asienta a los pies de la sierra de Lóquiz, en el corazón del valle de Lana, y ofrece al visitante un paisaje profundamente vinculado al monte, a los oficios tradicionales y a una arquitectura rural bien conservada. El núcleo urbano, formado por casas de piedra de los siglos XVII y XVIII con escudos barrocos, se despliega bajo las peñas de la sierra, con amplias vistas sobre el valle y una atmósfera tranquila que invita a descubrir el pueblo sin prisas.
El principal hito patrimonial es la iglesia parroquial de San Andrés, un edificio gótico-renacentista del siglo XVI que conserva en su interior un destacado retablo mayor dedicado al titular, obra de Lope de Larrea realizada entre 1606 y 1607. Junto a la iglesia se sitúa el frontón, un espacio muy presente en la vida social del pueblo y conocido por haber sido escenario de varias escenas de la película Tasio (1986), rodada en Viloria y estrechamente vinculada a su identidad carbonera.
El patrimonio religioso se completa con las ermitas de San Antón y de Nuestra Señora de la Soledad o de los Dolores, situadas en el entorno del casco urbano, y con la ermita de Santa Quiteria, ubicada en plena sierra de Lóquiz, a la que se accede por caminos tradicionales. Estos recorridos permiten adentrarse en un paisaje de bosques, pastos y antiguas zonas de carboneras, con rutas de senderismo y miradores naturales que abren amplias panorámicas sobre el valle de Lana.
La tradición de la elaboración artesanal del carbón sigue siendo uno de los rasgos culturales más singulares de Viloria y forma parte de su memoria colectiva, junto a pequeñas iniciativas etnográficas como el museo privado visitable con cita previa. A lo largo del año, el calendario festivo marca los momentos de mayor actividad, con las fiestas en honor a San Andrés celebradas en agosto, la romería a Santa Quiteria y diversas celebraciones vecinales vinculadas al ciclo agrícola y a la vida en el monte, que mantienen vivo el carácter comunitario del pueblo.